Tras descargar las mochilas y tomar un té en casa de un guía local se inició la ruta hacia el Refugio Louis Neltner, situado a 3.207 metros de altura, desde donde se atacaría la cima al día siguiente.

La ascensión desde la base al refugio, de unas 5 horas, es una ruta sin mucha complicación técnica, el mayor problema es que se ascienden casi 1.500 metros de altitud en muy poco tiempo y esto hace que la aclimatación se haga de forma un tanto forzada.

Finalmente se llegó al refugio a las 11:30 de la mañana, mientras comenzaba a nevar. El ataque a la cima tendría lugar a la mañana siguiente. Este tiempo de espera es recomendable evitar el mal de altura y provoca en muchas personas un dolor de cabeza intenso. Si juntamos este dolor, con el aburrimiento y la falta de sueño, las horas pasan lentamente y es cuando el alpinista realmente se da cuenta si es allí donde le gustaría estar.

Llegó el momento de la última ascensión. A primera hora de la mañana y tras una pequeña nevada el equipo se dirige a la cima. En la primera parte de la subido el tiempo fue respetuoso con los alpinistas pero a medidas que se acercaban a la cima el tiempo fue cambiando. El viento fue en aumento y algunos grupos de alpinistas que nos precedían dieron la vuelta antes de coronar la cima. Aun así, los 5 integrantes del grupo prosiguieron. El viento no hizo más que aumentar, lo que suponía que cada dos pasos había que parar ya que las rachas de viento podían provocar que alguno de los alpinista se desequilibrar y sufriera un accidente. A las 3 horas se hizo cima. El hecho de estar en el punto más alto del Atlas no duró mucho ya que desde allí se podía contemplar un mar de nubes negras que se acercaban rápidamente, ayudadas por el ya nombrado viento. Comenzó el descenso, y como en la subida, asegurando cada paso se llegó nuevamente al refugio, desde donde se bajaría a la base al día siguiente.
Poco tiempo después, inició una gran tormenta de nieve. Por suerte todos estaban en el refugio. Toda la tarde fueron llegando expediciones que habían salido hacia la cima poco después que nosotros y que no había podido coronar la cima, algunas no habían llegado a más de una hora del refugio. La expedición 7 MOUNTAINS 7 DREAMS fue la última en hacer cima ese día y durante todo el fin se semana.

Lo más duro ya había pasado, o eso creían. A la mañana siguiente seguía la tormenta y según la previsiones no iba a amainar, sino al contrario, la intensidad iba en aumento y si se quedaban en el refugio, seguramente no podría descender en 3 o 4 días. Visto que no existía otra opción se dispuso a emprender el camino hacia la base. Lo que antes era una senda ahora no era más que nieve, se tubo que utilizar el gps para no perder el camino y encontrarse en una situación aun peor. La nieve seguía cayendo con intensidad y ya llegaba por encima de las rodillas. El hecho de que exista una niebla tan densa que no sea posible ver a tus compañeros, tampoco ayuda al descenso. Poco a poco, con la ayuda del gps y de la paciencia fueron restando metros de altitud y con ellos también restaba intensidad en la tormenta. Finalmente se llegó de nuevo a la casa del guía local en la que estuvieron el primer día y tras un rápido descanso se dispusieron a esperar a los vehículos que los bajarían a Marrakech.

A diferencia que en la subida tan solo llegó un coche. Un coche con cerca de 15 años de antigüedad, como era normal en la zona. La tormenta que seguía cayendo hacía urgente bajar la montaña ya que al parecer, en días así, se formaban pequeñas rieras que cruzaban la carretera. Poco después se demostró que era cierto. Lo que no era cierto es que fueran pequeñas. Tras pasar con el coches tres de estas rieras el viejo coche llegó a una cuarta. En este caso habían filas de coches parados a lado y lado de la riera. Ni corto ni perezoso el intrépido conductor se dispuso a sumergirse en el improvisado río. Mientras pasaba esto tenemos que recordar que dentro del coche viajaban 5 alpinistas con su 5 mochilas de viaje correspondientes, repartidas entre el maletero y las sujeciones del techo. Mientras el conductor salía del coche para reforzar la matricula delantera con un trozo de alambre, los 5 montañeros bajaron del coche, no estaba muy claro que el Mercedes fuera arrastrado por el agua y cayera por un pequeño barranco de unos 3 metros por donde seguía la corriente. El coche aceleró y ante la mirada perpleja de vecinos y alpinistas consiguió cruzar. En ese momento, únicamente el conductor las tenías todas consigo. Continuamos el camino hacia Marrakech. Nunca 60 kilómetros se habían hecho tan largos.

Una vez en el hotel sintieron que esta vez la aventura se había alargado más de lo normal. 

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